Félix Llerena

escribo como Draveir

Soy panameño, y desde niño mi cabeza no se ha quedado quieta. Primero fue el dibujo; después, casi sin notarlo, los cuentos que escribía para el colegio. En 2016 empecé a dar forma a historias más elaboradas, y esa costumbre no me ha soltado desde entonces.

Siempre me he inclinado hacia lo fantástico antes que hacia lo real. Me atraen los mundos donde algo —un sistema, una máquina, una regla implacable— presiona a las personas y les cobra por existir. Esa presión es lo que me interesa: empuja a los personajes a comportarse como nunca lo harían en calma, y ahí, justo en el límite, es donde aparecen las historias.

Lo que busco, en el fondo, es sencillo: que al leerme imagines lo que mi mente me describe sin descanso. Ese «¿y si pasara esto?», ese «¿cómo reaccionaría alguien aquí?». Las preguntas que me persiguen y que solo sé responder escribiéndolas.

No soy mucho más que eso: una persona imaginativa que intenta plasmar lo que su mente le lanza. El resto está en las historias.

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